Mantenerse activo después de los 60 años es una de las mejores decisiones para garantizar una longevidad con autonomía. Sin embargo, el cuerpo del adulto mayor tiene necesidades específicas en el gimnasio: ya no se busca solo estética, sino preservar la masa muscular (evitar la sarcopenia), proteger la densidad ósea y mantener la movilidad.
Con la edad, el cuerpo se vuelve menos eficiente al procesar proteínas. Por ello, si realizas ejercicios de fuerza o máquinas en el gimnasio, es vital aumentar su consumo. Fuentes de alta calidad como el huevo, el pescado, el pollo o las legumbres ayudan a reparar los tejidos y mantener la fuerza necesaria para las actividades diarias. Se recomienda distribuir la proteína en todas las comidas, no solo en la cena.
El ejercicio de impacto leve o resistencia fortalece los huesos, pero necesita materia prima. El consumo de lácteos, almendras o vegetales de hoja verde, combinado con una exposición solar moderada (para la vitamina D), es esencial para prevenir fracturas y debilidad ósea.
La sensación de sed disminuye con los años, pero el riesgo de deshidratación durante el ejercicio aumenta. Es fundamental beber agua antes, durante y después de la rutina. Además, priorizar carbohidratos de fácil digestión (como frutas o cereales integrales) aportará la energía necesaria para evitar mareos o fatiga prematura durante la actividad.
Juan Domingo Perón S/N (frente a canchitas El Cruce),
La Calera
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